aprender

Hoy en día vivimos acelerados. Vamos tan de prisa que no tenemos tiempo para nada. Ni para aprender.

No hay tiempo para estar con la familia, no hay tiempo para hacer ejercicio, no hay tiempo para cocinar comida sana, no hay tiempo para llevar un registro de gastos, no hay tiempo para aprender, no hay tiempo…

El “no tengo tiempo” es una de nuestras excusas favoritas, creo que va segunda en el ranking, justo después del “no tengo suficiente dinero” y además de ser las primeras de la lista, tienen otra cosa en común. Son dos de las cosas que más desperdiciamos.

 

No hay tiempo para la educación financiera

Hoy me quiero detener en la parte de “no tengo tiempo para aprender”.

Tenemos muy incorporada la idea de que para aprender hay que ir a la escuela, a la universidad, o hacer algún curso.

Si bien esas son opciones muy válidas, no son las únicas.

Ya sabes que hoy en día puedes encontrar mucha información en internet, y puedes convertirte en un experto en casi cualquier tema si buscas la información adecuada.

También tienes libros a tu alcance, libros en papel, audio libros, libros electrónicos, incluso, si buscas en internet probablemente descubras que tienes una biblioteca cerca y una de las ventajas que tienen las bibliotecas es que puedes leer todos los libros que quieras. ¡Gratis!

Pero además de poder aprender de los libros y de internet, puedes sacarle mucho provecho a tu día a día si aprendes a observar.

Aprender de todo y de todos

 

Nuestras vidas están llenas de situaciones de las cuales podemos aprender. Si estamos atentos y sabemos aprovechar el momento.

Hazte estas preguntas cada día.

¿Qué puedo aprender de esta situación?

¿Qué puedo aprender de esta persona?

Te lo explico con un ejemplo.

 

Ejemplo práctico

Hoy tuve un flash-back a las clases de mecanografía que tenía en el instituto que me vino de perlas para graficar este ejemplo (si has nacido en este milenio, probablemente tengas que googlear la definición de mecanografía).

Ya por ese entonces la mecanografía estaba obsoleta. En la sala había unas máquinas de escribir Olivetti de los años 50 que parecían sacadas del “museo de la secretaria”.

Recuerdo que además la profesora que teníamos no le ponía muchas ganas. A principio de año nos explicó un par de cosas básicas de márgenes, interlineado y puntuación y el resto del año todas las clases eran iguales.

Ibamos a la sala, la profesora nos daba una hoja mecanografiada con un ejercicio y nosotros teníamos que copiar. Eso era todo. Luego nos corregía la cantidad de errores tipográficos que encontraba y en base a eso nos evaluaba.

Era una de esas asignaturas fáciles, en las que era prácticamente imposible reprobar.

Pero he aquí, lo interesante de esta clase:

si querías aprender, podías hacerlo.

 

Me explico:

Se suponía que debíamos mecanografiar al tacto, es decir, poniendo cada dedo donde toca manteniendo la vista en la hoja a copiar. Pero realmente podías hacerlo como quisieras ya que la profesora no estaba detrás tuyo, es más,  ni miraba lo que hacías.

En seguida la clase se dividió en dos grupos de alumnos.

Los que, aprovechando la situación, se tomaron la clase como hora de relax y escribían con dos dedos mirando al teclado, y los que pensamos que tal vez sería algo útil aprender a escribir al tacto, ya que si bien las máquinas de escribir ya estaban en vías de extinción, los teclados de los ordenadores son exactamente iguales y la informática seguía en auge.

A principio del año los que escribian con dos dedos terminaban mucho más rápido y algunos hasta se reían de los otros, por tomar el camino difícil cuando podían hacerlo fácil.

Pero a fin de año los que escribíamos al tacto superábamos con creces la velocidad de los otros. Muchos tuvieron que pedir una máquina de escribir prestada para poder terminar los ejercicios en casa.

Muchas veces la oportunidad está ahí, justo delante, y depende de cada uno el saber aprovecharla o no. Clic para tuitear

 

La vida es tu clase de mecanografía

Lo más importante que aprendí en mi clase de mecanografía no fue a escribir al tacto.

Lo más importante que aprendí es que muchas veces depende de nosotros y solo de nosotros aprovechar una situación o no.

Todos mis compañeros de clase tuvieron la misma oportunidad, las mismas herramientas, las mismas horas disponibles, la misma formación, sin embargo , a día de hoy algunos siguen escribiendo con dos dedos.

En nuestro día a día nos pasa también.

Si juntas a un grupo de gente, seguramente podrás encontrar al que quiera pasar la situación lo más rápido y con el menor esfuerzo posible y al que quiera aprovechar la experiencia para crecer.

Camino fácil

Con las finanzas pasa lo mismo. Están los que se pasan la vida detrás del “hágase rico en 3 días” y los que están dispuestos a aprender.

Las herramientas están allí, al alcance de todos.

Cursos, videos, blogs, aplilcaciones, tutoriales, y tantas otras cosas que tienes a tu disposición y está en tí saber aprovecharlas o no.

No digo que toooodos estemos en el mismo salón, ni mucho menos. Hay muchos cursos diferentes.

Pero dentro de los que están en la misma clase, todos tienen las mismas herramientas, las mismas horas disponibles, el mismo acceso a la formación. Y sin embargo, algunos logran tener éxito y otros no.

Está en tí, y solo en tí, decidir si vas a aprovechar los recursos que tienes para aprender y mejorar o no.

Nadie va a venir detrás tuyo a controlar si lo haces o no, eres libre de tomar cualquier camino.

La decisión es tuya. Elige bien.

¡Éxitos!

Alita

 

 

 

 

 

3 respuestas a “Educación financiera: aprender es tu decisión”

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