¡Estás perdiendo dinero y la culpa la tiene Weber y Fechner!

Qué es la ley de Weber-Fechner

La ley de Weber-Fechner es una ley psicofísica que establece una relación cuantitativa entre la magnitud de un estímulo físico y como éste es percibido.

La ley establece que: el menor cambio discernible en la magnitud de un estímulo es proporcional a la magnitud del estímulo.

Y esto no solo es aplicable a la física, sino que también se demostró cierto en otros campos como la psicología.

Y como sé que todo esto te puede sonar un poco a chino básico, vamos a verlo con un ejemplo.

ley de weber fechner

Ejemplo práctico

Supongamos que, tuvieras que decir qué objeto pesa más, y te ponen en una mano una bolsa llena de arena que pesa 100 gr y en la otra mano, una de 150 gr. Con balancear un poquito el peso, seguramente podrías adivinar el resultado sin ningún problema.

Pero ahora, imagina que te ponen delante un saco lleno de arena que pesa 10 kilos y al lado otro que pesa 10k con 50 gr.  La diferencia de peso sigue siendo exactamente la misma, 50 gr, sin embargo, esta vez es muy difícil que puedas saber cuál es el saco más pesado sin usar ninguna balanza.

Esto funciona de igual manera con los sonidos, los olores, los cambios visuales, y muchas cosas más, entre ellas.

Y probablemente te estés preguntando qué tiene todo esto que ver con el dinero y a mí de qué me sirve saber esto para mejorar mis finanzas.

Y es que la ley de Weber-Fechner no solo aplica a la física, y a la psicología, sino que también a nuestras finanzas.

Ley de Weber-Fechner aplicada a las finanzas

Igual que nos cuesta diferenciar 50gr más o menos, dependiendo del contexto, también nos cuesta ver diferencias de dinero según se las compare con un precio mayor o menor. En realidad, no es que nos cueste ver esa diferencia, como verla, la vemos, pero nos afecta psicológicamente de manera muy diferente.

Déjame que te haga una pregunta, para ti, 1€ ¿es mucho o poco dinero?

Y lo cierto es que no hay una respuesta correcta. Porque mucho o poco son conceptos muy subjetivos.

Veámoslo con un ejemplo.

Supongamos que estás caminando por la calle, un soleado y calurosísimo día de verano, al rato de estar andando, necesitas beber agua. Escaneas las tiendas que ves a tu alrededor, y ves que hay una en la esquina que probablemente venda agua.

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Cuando entras a la tienda, ves que tienen agua fresquita a 1€ la botella, pero hay una cola de 5 personas delante de ti. Decides que no quieres esperar tanto, estás en una zona céntrica y sabes que seguramente no tendrás problemas en encontrar dónde comprar agua.

Caminas dos calles más y, tal y como lo habías supuesto, encuentras otra tienda que vende agua, y además no hay cola, pero cuando te acercas, ves que la misma botella de agua, de la misma marca y tamaño, vale 2€

En una situación así, a menos que nos estemos deshidratando, seguramente salgamos de la tienda tan rápido como hemos entrado, volvamos por dónde vinimos y regresemos a la primera tienda donde vendían el agua a 1€ con un poco más de paciencia.

Ahora imagínate que sigues caminando ese mismo día soleado y caluroso, porque en realidad, tu propósito es comprarte ese ordenador portátil que tanto ansías. Ya sabes la marca y el modelo exacto y estás paseando y visitando las distintas tiendas de la zona para ver cuál tiene el mejor precio o si hay alguna oferta especial.

Ya has entrado a varias tiendas y has visto que el ordenador que quieres sale 1.238€ luego entras a una tienda, que está llena de gente y ves que el mismo ordenador sale 1.237€, tomas nota del precio y sigues andando un par de calles más a ver si consigues algo mejor.

Pero nada, sigues encontrándolo a 1.238€. Ya cansado de andar (¡y más con el calorazo que hace!) aprovechas que en esa tienda no hay cola y decides comprarlo.

¿Qué pesa más, un kilo de plumas o un kilo de hierro?

Recuerdo de pequeña estaba de moda hacer esa pregunta a algún distraído, para ver si caía en la trampa. Muchos lo hacían, contestaban sin pensarlo dos veces ¡obvio, un kilo de hierro! Y ahí era cuando los demás se reían de lo tonta que era su respuesta. Un kilo es un kilo, sea de plumas o de hierro, por lo tanto, pesan lo mismo.

Ahora, déjame que te haga una pregunta, ¿qué vale más, un euro de agua o un euro de ordenador?

¿Qué vale más, un euro de agua o un euro de ordenador? Clic para tuitear

Solo por un euro no vale la pena volver atrás, en un día de mucho calor y esperar en la cola. Pero espera… ¡si es lo que acabamos de hacer por el agua!

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Si lo miramos exclusivamente de manera racional, la respuesta sigue siendo la misma, un euro es un euro, da igual que sea de agua o de ordenador. Sin embargo, ya sabes que no somos 100% racionales, y como queda demostrado con el ejemplo anterior, en este caso, vale más un euro de agua que un euro de ordenador y esto es debido a la ley de Weber-Fechner.

Ley de precios de Weber-Fechner

Los precios, como muchas cosas en esta vida, son relativos. ¿Qué es caro? ¿Qué es barato? Pues depende. ¿De qué depende? De según con qué se compare todo depende.

¿Qué es caro? ¿Qué es barato? Pues depende. ¿De qué depende? De según con qué se compare todo depende. Clic para tuitear

Como vimos recién, dependiendo del contexto, un euro era muy caro, ya que, si lo comparamos con la primera botella de agua, el precio se había duplicado. Sin embargo, unos minutos después, un euro era barato, tanto que la diferencia de precios de los ordenadores era casi imperceptible.

En los comercios vemos la ley de Weber-Fechner aplicada constantemente, por ejemplo, cuando encontramos un producto en oferta. Los negocios se aseguran de poner también el precio sin el descuento aplicado para que haga efecto esta ley.

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 Incluso como se ha llegado a utilizar de forma maliciosa para conseguir más ventas (algunos comerciantes aumentaban considerablemente el precio sin el descuento aplicado) ahora está regulado y se puede denunciar a los organismos de consumo en caso de detectarse alguna de estas pácticas poco éticas. Eso, claro está, si es que nos damos cuenta, cosa que no suele ser frecuente.

Pero no solo puedes apreciar el efecto de la ley de Weber Fechner a la hora de las rebajas, también se suele aprovechar, haciendo lo que se llama venta sugestiva. Sobre todo, cuando compramos artículos de valor elevado.

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Venta sugestiva

Como su nombre lo indica, la venta sugestiva es cuando el vendedor te sugiere que compres algo que en principio no tenías pensado comprar.

Este método de venta es ampliamente usado en todo tipo de comercios, desde el Mc Donald’s que cuando vamos a comprar un menú nos ofrecen si queremos completar nuestro pedido agregando un cono de vainilla por solo un euro más. Hasta el seguro que nos ofrecen cuando compramos algún electrodoméstico.

El problema se da, cuando hacemos un gasto grande. Por ejemplo, en el caso del ordenador portátil que nos acabamos de comprar (un euro más caro que en la tienda de dos calles atrás), si quien nos atiende es un buen vendedor, nos ofrecerá no solo el seguro, sino que nos mostrará también las fundas de portátiles que tiene, y un ratón, una memoria externa, unos altavoces que van genial para escuchar música con la calidad que nos merecemos, ah, y auriculares, para cuando estámos con más gente y no queremos molestar, y hasta el liquidito y el paño especial para limpiar la pantalla.

Y en ese momento vamos haciendo la cuenta de cabeza y con ayuda del vendedor, vamos pensando, bueno, son solo 5 euritos más, 20 euritos más, 10 euritos más….  Y gracias a la ley de Weber-Fechner, al lado de los 1.238€ que estamos pagando por el portátil, esas cifras son irrisorias.

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Cómo evitar que la ley de Weber-Fechner arruine nuestras finanzas

Ahora que ya sabemos qué es, y cómo funciona esta ley, vamos a ver lo que nos importa, que es cómo evitar que esta ley nos arruine nuestras finanzas.

Cuando nos encontremos frente a una oferta o rebaja, antes de lanzarnos como si no hubiera un mañana, lo más sensato es pensar ¿si no estuviera de oferta, lo compraría igual?

Imagínate que el cartel fosforescente que tienes delante, nunca existió. Y que el precio rebajado es el precio original del producto.

Si no lo has hecho todavía, te recomiendo que veas el siguiente video que te ayudará a poner esto en práctica.

Define tu presupuesto

Y más importante aún, cuando vayamos a comprar un artículo que tenga un valor elevado, como puede ser un electrodoméstico, algún artículo de electrónica, un vehículo o incluso una propiedad, vayamos con un presupuesto definido.

Si te vas a comprar el portátil, y sabes que también vas a necesitar una funda, averigua qué precio tienen las fundas y agrega esa cantidad a tu presupuesto del portátil.

Si sabes que puedes encontrar variedad de fundas de tu agrado por 20€ y pones un presupuesto máximo de 20€ para gastar en una funda, será más difícil que cedas cuando el vendedor te ofrezca una bonita funda por solo 35€ más.

Compra de forma escalonada

Otra técnica que funciona muy bien, es la compra escalonada, siguiendo con el ejemplo del portátil, puede que incluso algunas cosas que nos está ofreciendo el vendedor sean cosas que realmente necesitamos y que simplemente no habíamos pensado en ellas. Aun así, si hemos ido a comprar un portátil, es mejor volver a casa con un portátil, y punto.

Luego en casa podemos comparar precios de los otros productos por internet, o planear otro día de compras para los accesorios. Lo cual nos va a servir no solo para ahorrar dinero sino también para tener más opciones de productos y evitar así comprar algo bueno, porque era lo que había, cuando podemos comprar algo mejor o más bonito.

¿Se te ocurre alguna otra forma para evitar que la ley de Weber-Fechner arruine tus finanzas?

Te leo en los comentarios

¡Éxitos!

Alita

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