Se viene el veranito y con él las tan esperadas vacaciones. Tiempo de descubrir cosas nuevas, gente nueva, sabores nuevos, lugares nuevos, tiempo de aprender, de disfrutar, tiempo de mimarnos y darnos gustos.

Son días de aventura, ilusión y disfrute, sobre todo ilusión. Días en los que vivimos la vida que nos gustaría vivir, sin horarios, sin responsabilidades laborales, es tiempo de desconectar, de relajarse y descansar. Recargar las pilas para seguir adelante.

Lo malo que tienen las vacaciones es que se acaban Clic para tuitear

Cuando terminan esos días de felicidad, hay que volver a la dura realidad, al despertador de cada mañana y la rutina diaria.

Volver es duro, sobre todo si el contraste es grande.

¿No te gustaría vivir en eternas vacaciones? No digo tumbado en la playa con un daiquiri en la mano, eso está bien por un par de días, pero luego empieza a aburrir.

Pero vivir en eternas vacaciones donde tú seas dueño de tu tiempo, que puedas decidir qué hacer con él. Decidir si te levantas a las 7 o si te quedas remoloneando en la cama hasta el mediodía.

Decidir si quieres seguir trabajando, y cuándo hacerlo, elegir en qué trabajar, aportando a los demás eso que, no solo se te da tan bien, sino que además te gusta hacer.

Hace unos años pensaba que todo eso era una utopía. Que era posible para algunos, que tenían la suerte de haber nacido en el lugar apropiado, y en momento adecuado.

Pero cada día creo menos en la suerte y más en ser partícipe, miembro activo y conductor de nuestras propias vidas.

La suerte es un factor, sí, uno que puede hacer que tu camino sea más duro o más placentero, pero no es el único determinante. Clic para tuitear

Hoy en día la mayoría de gente vive resignada, acepta lo que le toca, agacha la cabeza y piensa que es lo que hay, lo que le ha tocado. Yo también vivía así, pero he decidido cambiar.

Cambiar es difícil. Es mucho más fácil seguir la corriente y hacer lo que hacen todos. Vivir la vida de prisa, corriendo de casa al trabajo, del trabajo a casa y aprovechando los fines de semana o las vacaciones para mimarnos y darnos gustos que muchas veces no nos podemos permitir, pero que necesitamos porque hemos trabajado mucho.

Y es como la pescadilla que se muerde la cola, luego necesitamos trabajar aún más, para poder pagar esos excesos, lo que hace que después tengamos la necesidad de premiarnos más, por lo duro que trabajamos.

Si uno se lo pone a pensar fríamente, es una tontería más grande que una casa. Pero como estamos acostumbrados a eso, ya no nos parece tan loco.

Te propongo que aproveches estas próximas vacaciones, no solo para descansar y desconectar, sino para planear. Elige la vida que quieres vivir, determina tus sueños, escríbelos y empieza a crear un plan para alcanzarlos.

Espero que estos días de calorcito nos sirvan para recargar las pilas a todos y que al volver de las vacaciones estemos con más ganas que nunca de trabajar. No solo en ese trabajo por el que nos pagan un sueldo, sino también con ganas de trabajar por conseguir la vida que queremos vivir.

¡Éxitos!

Alita

Una idea en “Reflexiones pre-verano”

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