julio 2

¡¡¡Deja de comprar sustitutos!!!

Qué compramos y por qué nos gusta comprar cosas innecesarias

Nos encanta pensar que somos seres 100% racionales, y que nuestras decisiones parten de nuestra cabeza. Pero todos sabemos que no es así.

Cuando compramos, la decisión la toma primero nuestra parte emocional, y luego, esta es la que “convence” con argumentos y justificaciones a nuestra parte racional.

Eso no va a cambiar, pero darnos cuenta de qué es lo que realmente queremos cuando compramos algo, nos sirve para hacer compras más inteligentes, evitando comprar cosas innecesarias y destinando ese dinero hacia las cosas que realmente queremos.

Nadie compra taladros

Hay una frase muy popular entre la gente que habla de marketing, que dice, que nadie necesita taladros, lo que uno realmente necesita es el agujero en la pared. Por eso, si quieres vender taladros no tienes que enfocarte en el aparato en sí, sino en los resultados que conseguirás, es decir, el agujero.

Pero Seth Godin, un gurú del marketing, en su libro “Esto es Marketing” va más allá, y nos dice que la gente tampoco quiere un agujero en la pared, quiere el estante que irá sujetado a la pared por un tornillo que irá en ese agujero.  

En realidad, lo que la gente quiere tampoco es el estante… es la satisfacción de haber logrado poner el estante, y la sensación de orden que percibirá en esa habitación cuando haya puesto ese estante y esté todo ordenadito.


La gente compra emociones, no cosas.

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Y como tú y yo somos gente… eso también nos incluye a nosotros. Por más que analicemos las cosas, e intentemos justificarlas, los humanos compramos por impulsos emocionales.

Cómo evitar las compras innecesarias emocionales

Bueno, a menos que seas Spock, la solución no está en evitar las emociones sino en aprender a vivir con ellas, de manera que no nos arruinen la existencia.

Compras subrogadas

Hace poco, encontré un concepto muy interesante en un libro que estaba leyendo (The money book). En el libro figura como “surrogate spending” que sería algo así como gastos subrogados o sustitutos.

Está bien ejemplificado con el caso de Joe, un joven que comparte piso y que sueña con tener su propia casa. A Joe le encanta cocinar y se ve en esa casa de sus sueños, que tiene una gran cocina y que prepara deliciosos platillos para sus amigos. Solo hay un problema, Joe no tiene dinero suficiente como para ahorrar lo que necesita para el depósito de la casa.

Entonces, gasta el poco dinero que tiene en comprar utensilios y artilugios sofisticados para su cocina (cocina que comparte con sus compañeros de piso).

El hecho de gastar su dinero en un colador chino, o en unas ollas de cobre, le hace sentir, aunque sea por solo un ratito, que está un poquito más cerca de ese gran sueño de tener su gran cocina.

Como no puede tener lo que realmente quiere, la casa con la gran cocina, compra un sustituto, los utensilios. Pero en realidad, si en vez de comprarse todas esas pequeñas cosas, hubiera ahorrado ese dinero, ya tendría gran parte del depósito que necesita para cumplir su sueño.

Nos la pasamos comprando sustitutos innecesarios

Aunque no lo parezca, hacemos compras sustitutas frecuentemente. Por ejemplo, ya tenemos las vacaciones reservadas y como estamos ansiosos por que llegue el día, nos la pasamos comprando pequeñas cositas para el viaje, no porque las necesitemos, solo porque al comprarlas nos hace sentir que estamos un poquito más cerca de conseguirlo.

Estamos por recibir a una nueva mascota en la familia, o un bebé. Como estamos ansiosos por que llegue el día, compramos miles de cosas que creemos que vamos a necesitar, aunque en el fondo sabemos que no es así.

Decidimos apuntarnos al gimnasio, vamos y nos compramos media casa de deportes, porque nos hace sentir más cerca de la meta real que es formar músculo o bajar de peso.

¿Qué es lo que realmente quieres?

Hazte esa pregunta, puedes hacerlo como ejercicio, durante todo un día o una semana. Cada cosa que compres, absolutamente todo, pregúntate qué es lo que realmente estás comprando. Como vimos con el ejemplo del taladro y la satisfacción de la habitación ordenada o el logro de haber puesto el estante sin ayuda. Piensa, por cada cosa que compres, cuál es la satisfacción o emoción que estás buscando.

Incluso si vas al super y pones una caja de cereales en el carro, ¿por qué has elegido esa marca y no otra? ¿Porque es más sabrosa y la vas a disfrutar más? ¿Porque tiene menos calorías y te vas a sentir bien cuando veas tu cuerpo escultural en el espejo?

Cuando sabemos qué es lo que queremos y sobre todo, por qué lo queremos, es mucho más fácil tomar decisiones que estén en concordancia con nuestros sueños y deseos.

No se trata de no gastar dinero, sino de gastarlo en las cosas que realmente nos hacen felices. Y no en sustitutos que solo nos dan una alegría momentánea.

¿Y tú? ¿Has descubierto algún gasto sustituto que hayas hecho últimamente?

Te leo en los comentarios

¡Éxitos!

Alita

ALEJANDRA p. rODRÍGUEZ

 
Autora de los libros "Finanzas personales en prácticos Sobrecitos" y "Finanzas para niños"

Formadora, y creadora del exitoso canal de Youtube Raitit Finanzas

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